jueves, 27 de enero de 2011
Si no me divierte no existe.
Sabía que era una pésima idea, pero de eso precisamente estoy hecho: De escoger siempre la peor opción. Cuando entré al lugar mi humanidad estaba ya disminuida con la suma de media botella de aguardiente, cuatro cervezas y una raya de cocaina. Ya había ido a ese lugar. Pertenece a una pareja de artistas que hacen performance y video. O los dos juntos. No hay que precisar más. El lugar siempre me había parecido una especie de Taj Majal de la psicomagia. Algo vomitivo.
Al entrar hago mi rutina estilo "¿Cuánto es y por quétan caro?" La señorita de la puerta se rie, con esa risa que dice textualmente - No te voy a rebajar nada idiota- .
Pago el valor de la entrada ($15.000), y me dispongo a entrar ahora sí, cuando un brazo me detiene y alguien me dice - Espere, no se ha puesto el brazalete -. Me pongo ese plástico fosforescente que solo puede significar una orgía de musica techno y ausencia total de principios y valores, -nada puede fallar, es posible que consiga alguna mujer alcoholizada - Pienso.
Entro dando tumbos. Me sorprende cómo esas personas no tienen ningún reparo en mis escasas destrezas para caminar. Al entrar el silencio. La penumbra. De repente una voz amplificada que grita una retahila incomprensible. Hay un tumulto de personas alrededor de donde proviene la voz. Me acerco. Me abro paso con ahí si las destrezas de un borracho incontenible y me encuentro cara a cara con la muerte: Una mujer desnuda se peina con un cepillo mientras repite una serie de frases inconexas, pero que tienen un hilo común: Su género. La sangre. La violencia. Por supuesto no puede evitar empezar a reir solo después de tal perorata, busco a las personas de al lado con mi mirada buscando una complicidad. ¿Es qué acaso no hay nadie sensato en este lugar? ¿Acaso no se dan cuenta que es un gran chiste? Silencio y miradas circunspectas. Mientras escribo esto en la mesa de al lado hablan de ser víctimas del alza de los servicios. Eso no es nada comparado con la loca desnuda y su acción. En ese tipo de momentos mi mente empieza a buscar dichos que se acomoden a la locura estilo "nadie sabe paa quién trabaja" o "no por mucho madrugar amanece más temprano", pero en este campo de esquizofrenia cultural mi mente estaba en blanco como víctima de esta escopolamina performativa. Ante la derrota neuronal propinada por el concepto recojo mis pasos y me dirijo a la barra. Tal vez si me tomo un vodka con tónica todo recupere algún sentido. -Un vodka por favor-. Me dan un vaso de plástico delgadísimo lleno de hielo con una ínfima cantidad de vodka. -Disculpe, mejor démelo doble. ¿Cuánto sería de más?- Le pregunto al a todas luces estudiante de teatro y discipulo de Osho. -Costaría el doble- responde. Lo ví venir al mejor estilo Nostradamus. Hago algún chiste sobre el pobre espectáculo que hace la mujer. -Que alguien se apiada de ella, alguien que la saque de este sufrimiento, matenla por el amor de dios!-
Me detengo a mirar la pulcera. No conozco a nadie aquí. Esto no esta bién. Pido un vodka extra y me propongo salir de este lugar. Leo un letrero: "Segundo Festival de Performance". -Todo tiene sentido- pienso. -Soy el Mr. Bean de Dios-.
Sabía que era una pésima idea, pero de eso precisamente estoy hecho: De escoger siempre la peor opción. Cuando entré al lugar mi humanidad estaba ya disminuida con la suma de media botella de aguardiente, cuatro cervezas y una raya de cocaina. Ya había ido a ese lugar. Pertenece a una pareja de artistas que hacen performance y video. O los dos juntos. No hay que precisar más. El lugar siempre me había parecido una especie de Taj Majal de la psicomagia. Algo vomitivo.
Al entrar hago mi rutina estilo "¿Cuánto es y por quétan caro?" La señorita de la puerta se rie, con esa risa que dice textualmente - No te voy a rebajar nada idiota- .
Pago el valor de la entrada ($15.000), y me dispongo a entrar ahora sí, cuando un brazo me detiene y alguien me dice - Espere, no se ha puesto el brazalete -. Me pongo ese plástico fosforescente que solo puede significar una orgía de musica techno y ausencia total de principios y valores, -nada puede fallar, es posible que consiga alguna mujer alcoholizada - Pienso.
Entro dando tumbos. Me sorprende cómo esas personas no tienen ningún reparo en mis escasas destrezas para caminar. Al entrar el silencio. La penumbra. De repente una voz amplificada que grita una retahila incomprensible. Hay un tumulto de personas alrededor de donde proviene la voz. Me acerco. Me abro paso con ahí si las destrezas de un borracho incontenible y me encuentro cara a cara con la muerte: Una mujer desnuda se peina con un cepillo mientras repite una serie de frases inconexas, pero que tienen un hilo común: Su género. La sangre. La violencia. Por supuesto no puede evitar empezar a reir solo después de tal perorata, busco a las personas de al lado con mi mirada buscando una complicidad. ¿Es qué acaso no hay nadie sensato en este lugar? ¿Acaso no se dan cuenta que es un gran chiste? Silencio y miradas circunspectas. Mientras escribo esto en la mesa de al lado hablan de ser víctimas del alza de los servicios. Eso no es nada comparado con la loca desnuda y su acción. En ese tipo de momentos mi mente empieza a buscar dichos que se acomoden a la locura estilo "nadie sabe paa quién trabaja" o "no por mucho madrugar amanece más temprano", pero en este campo de esquizofrenia cultural mi mente estaba en blanco como víctima de esta escopolamina performativa. Ante la derrota neuronal propinada por el concepto recojo mis pasos y me dirijo a la barra. Tal vez si me tomo un vodka con tónica todo recupere algún sentido. -Un vodka por favor-. Me dan un vaso de plástico delgadísimo lleno de hielo con una ínfima cantidad de vodka. -Disculpe, mejor démelo doble. ¿Cuánto sería de más?- Le pregunto al a todas luces estudiante de teatro y discipulo de Osho. -Costaría el doble- responde. Lo ví venir al mejor estilo Nostradamus. Hago algún chiste sobre el pobre espectáculo que hace la mujer. -Que alguien se apiada de ella, alguien que la saque de este sufrimiento, matenla por el amor de dios!-
Me detengo a mirar la pulcera. No conozco a nadie aquí. Esto no esta bién. Pido un vodka extra y me propongo salir de este lugar. Leo un letrero: "Segundo Festival de Performance". -Todo tiene sentido- pienso. -Soy el Mr. Bean de Dios-.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)